Dirección General / Rectoría

Dentro del trabajo de planeación del año escolar 2019, hicimos un ejercicio de exhortación en torno a la filosofía de la Institución, dirigida a nuestros docentes y cuyo centro de reflexión giró al rededor de educar con AMOR y SABIDURÍA, a partir de una carta abierta a nuestros maestros, recordamos la importancia de crear y mantener espacios acogedores para nuestros niños, niñas y jóvenes, en donde la tarea de educar sea el ejercicio de la fascinación. Esta fue la nota.

Cota (Cundinamarca) Febrero 1, 2019.

Respetados Maestros.

Reciban un afectuoso saludo y nuestros mejores deseos de éxito, prosperidad y felicidad para este año que apenas comienza.

 

Hace un poco más de 20 años inició en este mismo lugar que desde entonces se llama cariñosamente la casita, un hermoso proyecto educativo denominado SUMMERHILL SCHOOL, con un puñado de niños y niñas, los que llegaron hasta aquí, cargados de sueños e ilusiones, proyecto que poco a poco fue ganando un espacio en las mentes, en los corazones y en la realidad de estos pequeños que desde ya enarbolaban con orgullo el escudo cuyo lema determina educar con Amor y Sabiduría.

Con una ardiente paciencia y una infinita constancia, dicho proyecto se fue posicionando y fue atrayendo a un cúmulo de niños, niñas y jóvenes, quienes llegaban atraídos por la magia de los castillos y la grandeza de su laboriosidad.

Hoy, un torrente de niños, niñas y jóvenes corren presurosos por los pasillos, los parques, las canchas y los castillos, en donde ustedes están llamados a mantener esa magia que permanece impregnada en los fuertes muros que los soportan, la misma que le imprimió su fundadora desde su inicio y la que se debe conservar viva en cada uno de nuestros estudiantes.

Ese amor que pregona el escudo de la Institución, lejos de ser una expresión romántica o soñadora, debe formar parte de su proyecto de vida profesional y debe irradiar a cada niño, niña o joven que se acerca a las aulas, si bien es cierto que la calidad de la labor a ustedes encomendada es una premisa fundamental, no es menos cierto que para alcanzarla el camino del corazón es el más expedito y dócil de trasegar.

Esa aparente magia que le ha ido imprimiendo las redes sociales a los niños y de las que tanto nos quejamos porque roba la atención de ellos a cada instante, debe ser doblegada por la fuerza del espíritu que cada uno de nuestros maestros le imprime a sus clases, debe abrir un camino directo al corazón de cada estudiante, el que debe ser cautivado a cada momento por nuestro quehacer, nuestra actitud, nuestra confianza, nuestro respeto y nuestra habilidad para doblegar amorosamente.

Es el amor que habita en cada uno de nosotros el que le imprime ese carácter humano a la educación y evita que caigamos en el marasmo de la desesperanza y la desolación, son las palabras amables las que abonan el camino hacia el corazón de cada niño, es el reconocimiento de cada niño el que enaltece su posición como persona y es la humildad la que nos ata a cada estudiante y la que nos impulsa a conducir pausada, pero sabiamente a cada joven.

No es la insistencia en torno a la necesidad de lo que queremos que aprendan lo que debemos buscar, es la convicción de forjar a través de la educación, mejores personas, mejores seres humanos, mejor futuro y mejor país.

No es la competencia insensible y fría la que debemos forjar en los niños y niñas para conducirlos al desconocimiento del otro, es el reconocimiento del otro el que los hace valorar a cada quien en condiciones de igualdad y equidad y el que los hará crecer como comunidad y como nación.

La abulia, la apatía, el conformismo, la resignación y el oprobio; son la negación del amor y son males que debemos erradicar de nuestro pensamiento y de nuestra acción, por el contrario, es el interés por hacer, la energía para actuar, el inconformismo que nos impulsa a mejorar a cada instante y el espíritu indomable el que debe guiar nuestras acciones como ejemplo para quienes educamos dentro de un clima de profundo respeto y amabilidad.

Si el ejercicio de nuestra labor no lleva a cada estudiante a transformar su entorno y su vida para bien, nuestra labor será estéril y cada vez más alejada del concepto de nación, si por el contrario, es el reconocimiento del otro el que impera, el deseo de construir puentes y derribar muros entre las personas, será la hegemonía de nación y la noción de fraternidad la que nos llevará a enrumbar nuestras naves a un puerto seguro.

Si cada niño que educamos se convierte en el portador insigne de la justicia, en el ejemplo claro de la vida democrática, en el actor preclaro del reconocimiento al otro, en el luchador incansable por cuidar el medio ambiente, morada de todos nosotros, estaremos cumpliendo con la tarea que la vida de educador nos convoca al elegirla y con la premisa de acción que hemos adoptado en la Institución, educar con amor y sabiduría.

No permitamos que jamás un niño se aleje triste de nuestro lado, que ninguno se sienta humillado, marginado, todos nos exigirán lo mejor, ninguno se conformará con recibir lo peor, por ello debemos estar prestos a acompañarlos y ayudarlos.

Iniciemos este nuevo año con la convicción que nuestra tarea será impecable y que ayudaremos a formar a cada niño o niña tan sabiamente como si fueran a vivir eternamente.

 

Cordialmente,

Henry Cabra Camacho

Rector