LA FORTALEZA DE ESPÍRITU EXIGE A CADA QUIEN PASAR POR EL TAMIZ DE LA VERACIDAD LA INFORMACIÓN QUE LE LLEGA

Dos hechos que revisten suprema importancia por la gravedad de sus consecuencias, acaban de demostrar cuan peligroso resulta el uso irresponsable de las redes sociales y cómo la debilidad de espíritu lleva a las personas a seguir ciegamente un mensaje, sin detenerse a medir esas  consecuencias a no darse la posibilidad de ir a la fuente para indagar antes de incurrir en juicios temerarios que fácilmente se pueden convertir en serias calumnias que pueden llevar consigo una responsabilidad legal inmedible.

Hace algún tiempo, circuló en unos países europeos una información sin autoría conocida a través de una red social, la cual afirmaba funestas consecuencias relacionadas con el Alzaimer para los niños y niñas que se hicieran vacunar contra el Sarampión, enfermedad que aun estando erradicada hace varios años, podría representar serias amenazas para la región.

En efecto, todo parece indicar que muchas personas adoptaron esta información como cierta y quienes debiendo hacerlo no lo hicieron, ahora podrían estar amenazados por dicha enfermedad en razón a brotes aislados que han aparecido en varios países.

Para no ir tan lejos, hace pocos días, circuló a través de  una red social, el aparente robo de niños, en la ciudad de Bogotá, información también sin responsable aparente la que señalaba a algún presunto autor con algunas características particulares, en efecto, en algún barrio al sur de la ciudad, una persona gritó ante los furtivos transeúntes que quien pasaba era responsable de ese robo de niños, alarma que exasperó a la turba irresponsable la que en minutos le quitó la vida a un joven habitante del lugar, que nada tenía que ver con la situación, que a más de contener una información temeraria, fue desmentida por las autoridades.

Estos graves hechos muestran cómo el manejo de la información de manera irresponsable trae consigo consecuencias funestas que pueden poner en riesgo la vida de las personas o mancillar el buen nombre de personas o instituciones los cuales no se restituyen con un simple: “A mí me dijeron”.

Padres y maestros, quienes tenemos la responsabilidad moral de formar a niños, niñas y jóvenes, somos los primeros llamados a orientar con el ejemplo y enseñarles cuán importante es acudir a la fuente antes de replicar mensajes que carecen de veracidad y de cuyo contenido luego tenemos que retractarnos.

Henry Cabra Camacho

Rector