Dirección General / Rectoría

Quienes estamos inmersos en la tarea de formar a los niños, niñas y jóvenes; sabemos que la herramienta más poderosa para desarrollar el ejercicio de nuestra labor es el ejemplo, todas las personas que tienen algún tipo de relación con los chicos, pero en particular, padres, maestros o todos aquellos que son una imagen importante y representativa para ellos, son portadores fundamentales de valores y principios que quedan grabados como impronta indeleble en el corazón y en la razón.

Así, fácil es comprender por qué no es procedente mentir delante de ellos o inducirlos a que lo hagan en aras de justificar lo injustificable, vale decir, acudir a una aparente indisposición de salud para justificar un viaje o recoger al chico temprano aduciendo una cita médica cuando en realidad salen de paseo, etc.

La labor que desarrolla cada niño, niña o joven, en su medida, equivale a la labor que desempeñamos los adultos frente a nuestro trabajo y como tal, merece todo el respeto y la apropiación de responsabilidad, al igual que no es procedente la inasistencia de los chicos sin razones valederas, tampoco lo es para el adulto en torno a sus compromisos y responsabilidades.

¡Educamos más con el ejemplo que con el discurso!