Carta al Estudiante

Apreciado estudiante.

Cuando tomé la decisión de ser maestro, sabía la inmensa responsabilidad que debía asumir en razón a que comprendí que mi trabajo no se limitaba a orientar una clase ilustrada en el tablero, pues más allá de esto, entendí que mi deber era acompañarte, guiar tu camino y enseñarte a sobrepasar las dificultades que siempre las habrá, en efecto, el sentido de la vida está en pensar con acierto y buena disposición, en qué forma debo analizar cada situación por pequeña que parezca y cómo debo aprender de ella.

Cuando prepares el morral en donde pones tus libros cada día, no olvides dejar un inmenso espacio para guardar todos tus sueños y observarlos a cada instante para examinar cómo se están cumpliendo, pues en gran medida esto dependerá de ti, al lado de los sueños pon una absoluta confianza en ti, con la certeza que siempre lograrás lo que te propones, una inmensa alegría para ver cómo el día aclara cuando abres los ojos y te invita a comenzar el camino de la escuela.

Jamás te conformes con lo estrictamente necesario, ve más allá cuando ejecutes tus responsabilidades y mira que es más importante pensar en lo grande que vas a ser que en cumplir nada más con la tarea.

En medio de las premuras del día, siempre saca tiempo para dirigir una palabra amable y bondadosa para tus papás, pues a más de la vida, ellos también están cumpliendo con esfuerzo sus tareas para apoyarte, sé grato con todas las personas y deja una huella de tranquilidad y tolerancia a cada paso que des.

Vive con alegría a cada momento, no hay nada por difícil que parezca que no se pueda solucionar, cuando amaneces feliz, destellas luz por donde quiera que vayas y haces ver el día de hermosos colores que matizan la vida y contagian a quienes están a tu alrededor.

Recuerda que tú eres la razón de ser para mi trabajo y que cuando amanece, lo hago con una gran dicha al saber que voy a compartir contigo más que mis conocimientos, mis experiencias y mi corazón, el que no deja de sentir la dicha de ser maestro.

Te espero mañana, muy temprano, radiante en el refugio de todos los sueños, el salón de clase.

 

Cordialmente,

Tu maestro que te estima.